Longboard Argentina

 

 Para los longboarders, todas las pendientes de la ciudad son como las sirenas de Ulises: seductoras e irresistibles. Aunque su encanto, en este caso, no es fatal ni trágico, sino que se trata de una atracción que combina riesgo y libertad. Y así como los surfistas buscan la ola perfecta, los cultores porteños del longboard se han convertido en especialistas en la búsqueda de pistas improvisadas. Entre ellas, una de las preferidas de los riders: la de la calle la calle República del Líbano. . “Es un muy buen lugar para tirarse: hay poco tránsito, y el asfalto es uno de los mejores de la ciudad”, cuenta el licenciado en medio ambiente Gastón Ferrer, creador de Nanica Banana, ( @NANICAbanana ) un emprendimiento que comercializa tablas de longboard. Poco importan las quejas de los vecinos y los controles policiales que amenazan con echarlos: los fines de semana, decenas de fanáticos de todas las edades llegan en procesión a la Biblioteca Nacional, no para leerse un libro precisamente, sino para iniciar un juego de prueba y error a lo largo de los 200 metros de bajada con curvas que desembocan en la avenida Libertador. Aquí, la práctica más común es el downhill, que consiste en lanzarse barranca abajo con toda la furia, poner a prueba la capacidad de freno en pocos metros y encomendarse a algún santo para detenerse antes de terminar en Libertador con el semáforo en verde.

Por Cecilia Acuña

Fotos: Julio Cesar Firpo 

y MrBlack.

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