Cerrado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, entidad hegemonizada por la banca norteamericana, el Presidente Mauricio Macri reorganizó su Gabinete de Ministros de acuerdo a los dictados de una interna financiera supranacional. Con el correr de los días fueron desplazados Federico Sturzenegger del Banco Central (quien le había entregado la administración de las reservas internacionales y la autorización del giro de utilidades de las firmas multinacionales a Esteban Bertella del banco británico HSBC, el banco favorito de Domingo Cavallo, el mentor de Sturzenegger); Lucas Llach, ahora ex-vicepresidente del Banco Central;  al ministro de Producción, Francisco Cabrera (quien fue fundador de Máxima AFJP, del HSBC y como funcionario de Macri en la ciudad protegió de inspecciones a Iron Mountain donde justamente se quemaron intencionalmente papeles comprometedores del banco británico) y al ministro de Energía, Juan José Aranguren (presidente de la petrolera de la corona británica y holandesa, Shell, en Argentina).

Sturzenegger fue reemplazado por Luis Caputo, el empleado del banco norteamericano por antonomasia, JP Morgan Chase, propiedad del clan Rockefeller. El dúo Sturzenegger-Cavallo estuvieron durante años procesados por el Megacanje, maniobra que otorgó U$S 55 mil millones a los bancos internacionales y que fue elaborada junto a David Mulford, representante del Credit Suisse First Boston de Londres.
El poderoso señor de los tarifazos tuvo que volverse a su casa y será reemplazado por Javier Iguacel, un funcionario de Cambiemos que viene de destacarse como Director de Vialidad Nacional entre otras cosas por construir un millonario puente ferroviario por el que no logran pasar trenes (un pequeño error de cálculos).
Francisco Cabrera por su parte tuvo que dejar su cargo a Dante Sica, representante de los intereses de Peugeot-Citroën en Argentina y cercano a las cúpulas de la Unión Industrial.
Con Sturzenegger también se fue el pro-británico Lucas Llach, conocido por su tristemente célebre comentario en la red social Twitter, donde expresó la conveniencia de entregar por completo Malvinas al Imperio Británico: “Yo entregaría no sólo las Falklands sino todo Tierra del Fuego a England, así nos sacamos ese apéndice que le encarece la vida al pueblo.” No se avergonzaba en escribir Llach.

Mientras tanto, Macri endeuda a la Argentina en U$S 56.000 millones a cambio de reducir salarios, obra pública, educación y salud para seguir pagando deuda y fugar dinero. Una de las primeras condiciones impuestas por los Estados Unidos era que Producción y Energía también pasaran a depender de Nicolás Dujovne, algo que le reclaman desde Wall Street y el FMI, pero se prefirió fortalecer a los que ya están dentro del esquema de gobierno, como el Grupo Macri (Socma controlante de Pluspetrol en varios países y con varios campos en Vaca Muerta) e incorporar otras apoyaturas económico-financieras como Perez Companc (Pecom Energía), Techint (Tecpetrol), a los grupos económico financieros Brasileños (FIESP) y un canal abierto hacia las multinacionales francesas y alemanas, en constante diálogo con una fracción de los grupos económicos locales.

El régimen político argentino está atravesando su peor crisis financiera desde que asumieran en el poder el 10 de diciembre de 2015. La inflación no deja de crecer. Las previsiones más optimistas auguran que en diciembre estará por encima del 25% y la esperanza del Gobierno es ahora que no supere, al menos, la registrada el año pasado. Estamos ante un gobierno que estructura sus ministerios para servir a los poderes globales y responde incluso a las internas y pujas de poder entre las élites internacionales, completamente alejado de las necesidades del pueblo argentino.

Ante todas estas realidades impuestas por un gobierno burgués que ajusta y oprime es preciso dar una expresión organizada y terminar con la docilidad y pasividad. Que las riquezas del país pasen, de manos de una ínfima minoría, a las manos del pueblo.

Dos regímenes, el burgués y el proletario, se oponen, hostilmente uno al otro. El choque entre ambos es inevitable. De la salida de éste depende la suerte de la sociedad.

 

Florencia Asiain

 

 

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