El 2 de abril de 1976, José Alfredo Martínez de Hoz anunció el programa del “Proceso”. Allí describió a los que eran, para el nuevo gobierno, los principales problemas de la economía argentina: un Estado empresario que había asumido funciones correspondientes a la iniciativa privada, que había regulado actividades económicas que debía realizar el mercado a través de la oferta y la demanda, que había intervenido en el mercado laboral estableciendo pautas rígidas para las relaciones obrero-patronales (leyes sobre empleo estable, indemnización por despido, negociaciones colectivas, etc.) y que también había protegido a los empresarios a través de aranceles a la importación de mercaderías y subsidios. Este conjunto de factores habían determinado un creciente déficit fiscal, una inflación galopante y una burguesía renuente a invertir, por no tener competencia y por el alto costo laboral producto de la capacidad de presión de los sindicatos.

Así habían imposibilitado –afirmó– la modernización y el crecimiento económico del país. Para superar esos problemas, propuso una “Reforma del Estado” que destruyera las características empresariales e interventoras del mismo y garantizara la libertad de producción, circulación, precios, iniciativa, etcétera… A la vez, para hacer más competitiva a la industria, planteó una apertura económica que permitiera el ingreso de mercaderías y así que el mercado determinara qué empresas deberían subsistir por ser capaces de producir bienes baratos y buenos.

A esta visión se la denomina “darwinismo social” porque plantea que el más apto sobrevive y se desarrolla y el otro muere por falta de capacidad para adaptarse al cambio y el progreso…

En 2018 todo parece indicar que vamos encaminados al mismo proceso. En plena supervivencia económica y envueltos en un reiterado estado de despidos y cierres de fábricas, una vez más la historia cíclica vuelve a tumbar las conquistas de los trabajadores. La embestida capitalista coloca a los empresarios en lo mas alto de la pirámide y a los sindicatos sumidos en una pasividad que no sorprende…

Sin embargo, frente a todos estos embates del capitalismo cientos de trabajadores despedidos en dependencias del Estado como el INTI, Senasa, Hospital Posadas, Fanazul, la mina de Río Turbio por citar sólo algunos, fabricas como Stockl, Cresta Roja, Pepsico y sigue la lista… se levantan en lucha diaria contra un sistema que nos quiere derrotados. Y tal vez la finalidad de esta nota es tratar de abrir las cabezas para que todos, el pueblo entero, acompañemos esa lucha, que es nuestra; en contra de las políticas de ajuste, en contra de las medidas que toman los jefes de personal o gerentes generales (CEOs) de las compañías más grandes a nivel nacional e internacional, como la Mercedes Benz, la Shell, la Barrick Gold o la propia Cresta Roja. Unidos, con el acompañamiento de las organizaciones que esten dispuestas a dar batalla a este atropello que estamos sufriendo, y sin olvidar nuestra historia para no volver a repetir los mismos errores. El reclamo es justo y la lucha hoy está en nuestras manos.

Autor: Florencia Asiain

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