¿Cómo se explica la calma cuando nos están cazando? ¿Cómo se pide prudencia cuando la tierra todavía está fresca sobre los cuerpos de nuestras pibas? Estamos a horas de un nuevo aniversario del Ni Una Menos, esa costra histórica que nos tocó armar en 2015 para gritarle al mundo que dejen de matarnos. Nació del dolor por Chiara Páez, la adolescente de 14 años enterrada en el patio de su novio en Rufino. Once años después, el contador sigue corriendo. El horror no bajó un solo cambio; lo que bajó es la respuesta de quienes tienen que protegernos.
Esta semana el odio golpeó el norte y el centro del país. Dos nombres más que se transforman en bandera a la fuerza. Agostina Vega, de solo 14 años, en Córdoba, buscada durante una semana para terminar siendo hallada en un descampado, abusada, apuñalada y desmembrada por un tipo que la justicia ya había dejado libre el año pasado. Dulce María Candia, de 17 años, en Eldorado, Misiones, asfixiada, oculta en una construcción abandonada y encontrada en avanzado estado de descomposición tras días de desidia estatal en su búsqueda.
¡Eran niñas! Tenían toda la vida por delante y el machismo las redujo a un desecho. No son casos aislados. Según los datos del Registro Nacional de Femicidios de la organización MuMaLá, entre el 1 de enero y el 30 de abril de este 2026, ya se registraron 90 femicidios, vinculados y trans/travesticidios en Argentina. Una vida arrebatada cada 32 horas. Mientras tanto, 356 personas sobrevivieron a intentos de asesinato por motivos de género. El peligro es real, cotidiano, asfixiante.
Para que quede claro de una vez por todas: el femicidio no es un crimen común. Es el asesinato de una mujer, travesti o trans por el solo hecho de serlo, perpetrado en un contexto de violencia de género legal, social y culturalmente estructural. Es la punta de un iceberg de dominación y posesión.
Por eso genera un asco insoportable el cinismo del gobierno de Javier Milei. No solo miran para otro lado, sino que activamente anularon y desmantelaron las políticas públicas contra la violencia de género, vaciaron las líneas de asistencia, recortaron los recursos de prevención y dejaron desamparadas a miles de mujeres que hoy no tienen a dónde acudir cuando su vida pende de un hilo.
Encima, quienes manejan los destinos del país se dan el lujo de usar los micrófonos oficiales para negar e insultar la figura del femicidio, pretendiendo borrar de un plumazo jurídico lo que nos costó décadas de sangre reconocer. No es desconocimiento, es crueldad ideológica. Cada política que destruyen es una puerta que le abren a los asesinos.

YA ES HORA DE QUE LOS HOMBRES SE HAGAN CARGO

Y acá va una verdad que ya no se puede tapar con tibieza: basta de mirar para el costado. Es momento de que los hombres se hagan cargo. Los femicidas no salen de un repollo ni son
monstruos extraordinarios; son sus amigos, sus hermanos, sus padres, sus compañeros de fútbol, los tipos con los que comparten el grupo de WhatsApp. Dejen de horrorizarse en silencio. Dejen de justificar el chiste rancio, el acoso camuflado, la foto compartida sin
consentimiento, el maltrato «menor». Su silencio es complicidad. La violencia de género es un problema de los varones que sufrimos y pagamos con la vida las mujeres. Rompan el pacto de machos de una vez por todas, porque su comodidad nos está matando.
Nos quieren calladas, con miedo, encerradas. Pero la indignación tiene que saltar de la garganta a la calle. Este Miércoles 3 de junio se marcha en todo el país. Salimos por Agostina, por Dulce, por las 90 que ya no están este año y por las que nos faltan desde siempre.
Traigan su bronca, traigan sus carteles, traigan los nombres de las que extrañan. Al negacionismo del Estado y a la hipocresía de la sociedad le respondemos con el fuego de nuestra organización.


¡Gritamos bien fuerte por nuestras vidas! ¡A las calles este 3 de Junio! ¡NI UNA MENOS, VIVAS Y LIBRES NOS QUEREMOS!

Soy Anto…. El corazón NUNCA a la DERECHA 💜

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